El pasado 8 de marzo se celebró el DÃa Internacional de la Mujer en todo el mundo. No se sabe, a ciencia cierta, el inicio de esta festividad y el porqué de la fecha escogida. Lo que sà es seguro es que guarda relación con la lucha que, por mejoras en las condiciones de trabajo y salariales, mantenian las obreras de la industria textil y manufacturera de la ciudad de Nueva York a mediados del siglo diecinueve. La historia del 8 de marzo está cruzada por situaciones y hechos que muestran un escenario más complejo y rico en acontecimientos marcados por la Primera Guerra Mundial, la Revolución Rusa, la lucha por el sufragio, y el creciente auge del sindicalismo femenino durante las primeras décadas del siglo pasado en Europa, Estados Unidos y Latinoamérica.
Los orÃgenes del DÃa Internacional de la Mujer están ligados al protagonismo de las mujeres del Partido Socialista Norteamericano que, desde 1908, instauraron unas jornadas de reflexión y acción denominadas Woman’s Day. La primera tuvo lugar el 3 de Mayo de 1908, en el teatro Garrick de Chicago, con el objetivo de hacer campaña a favor del sufragio femenino y para defender los derechos laborales de las trabajadoras. Mientras tanto en Latinoamérica, en donde la situación de la mujer no era nada envidiable, algunas mujeres de pensamiento adelantado para su época, iniciaban incansable lucha para lograr la igualdad social que les era negada. Tuvieron que pasar muchos años para que esta situación cambiara, al menos en teorÃa, si nos atenemos a la realidad.
El papel de la mujer latinoamericana en la vida diaria de nuestros paÃses es trascendental, lo ha sido desde tiempos inmemoriales, sólo que su labor no estaba considerada como trabajo sino como una obligación que adquirÃa al nacer. Además, su trabajo estaba encuadrado dentro de las “tÃpicas labores domésticas propias de su sexo” eufemismo que ocultaba la supresión de muchos de sus derechos, tanto como ciudadana y como ser humano. Tuvieron que pasar muchos años para que la situación de la mujer latinoamericana cambiara, al menos legalmente. Hoy las podemos ver en situaciones expectantes en los diarios quehaceres de sus respectivos paÃses. Los latinoamericanos nos hemos tenido que mascar nuestro machismo mal fundado y aceptar presidentas, juezas y polÃticas que han ocupado cargos públicos otrora reservados exclusivamente a los hombres. La mujer latinoamericana nos muestra su nueva faz, si bien es cierto que sufre, también lo es que se enfrenta a las dificultades. No es más la mujer sumisa que acepta calladamente el destino que la vida le depara. Ahora ella se defiende y lucha por cambiar su posición dentro de la sociedad en la cual se desarrolla. Es por ello que quiero, con este artÃculo, rendir homenaje a todas las mujeres a través de dos dignas representantes de la nueva mujer latinoamericana: Rigoberta Menchú e Isabel Allende, la primera guatemalteca, la segunda chilena,
Rigoberta Menchú, una humilde campesina nació en una pequeña aldea, al norte de Guatemala, perdió a sus padres siendo muy tierna, durante los cruentos años de la guerra que tiñó de sangre su tierra. Tuvo que refugiarse en México para no correr la suerte de sus familiares, aprendió a leer a los veinte años de edad y gracias a su perseverancia, espÃritu indomable y a sus dotes de organizadora muy pronto se convirtió en lÃder y portavoz de su pueblo. Sus esfuerzos y sacrificios en defender a su gente la hicieron merecedora del premio Nóbel de la Paz en el año de 1992. Actualmente Rigoberta Menchú sigue su tarea de luchar por mejorar las condiciones de vida de su pueblo.
Indudablemente que el ser miembro de una familia profundamente identificada con los sectores progresistas de su paÃs han hecho de Isabel Allende una escritora conocedora y, lo que es más importante, entendedora de la realidad de latinoamericana en general y de la mujer en particular. Eva Luna, La Casa de los EspÃritus, El Plan Infinito, Paula, por sólo citar algunas de sus obras nos dan fe de ello. Isabel Allende es cultora de la corriente literaria que ha hecho furor en Latinoamérica en las últimas décadas y que se conoce como Realismo Mágico y de la cual ella es una de sus más claras y fecundas exponentes. La autora chilena nos muestra, a través de sus personajes, y de ella misma también la capacidad de lucha y sobre vivencia que tiene la mujer latinoamericana y el nuevo rol que va tomando, poco a poco, dentro de su diario vivir al sur del nuevo continente, escenario en el cual ella misma es un ejemplo por mérito propio.
De todo lo dicho podemos concluir que el DÃa Internacional de la Mujer es un justo homenaje a todas las mujeres del mundo. Enseñemos a nuestros hijos a respetarlas.
Por: Armando Zarazú